
TEXTO: LUIS MIRANDA
FOTOS: RAÚL DOBLADO
SEVILLA. «Es mi primer día aquí y mi español no está al nivel que necesito», advierte Michael Radford antes de empezar la entrevista. No lo parece, sin embargo, porque su español es fluido y rico en vocabulario, aunque algo italianizado. En el hotel de Sevilla en que se hospeda apenas hace esperar y cuando aparece, se presenta con cortesía británica. Ya en una azotea, abiertos al paraíso de una tarde cuaresmal en el corazón de Sevilla, habla sobre su próxima película, «La mula», y sus anteriores obras.
- ¿Qué le ha gustado de la historia de «La mula»?
- Lo que me gusta en «La mula» es que es una historia muy humana. Es una comedia, pero lo que me interesa en el relato es la humanidad, la ambigüedad de las cosas. Sí, es una película profundamente política, pero no es política en el sentido de contar una historia del punto de vista de unas ideas. Es muy humano.
- Juan Eslava Galán decía que le sorprendió que mucha gente que leyó la novela le decía que le había parecido divertida, cuando no era esa su intención. ¿La película será comedia o drama?
- No es una comedia al nivel de Berlanga o algo así, pero uno se ríe leyendo el guión. Está muy ligado a una tristeza, porque es el viaje de un hombre que aprende algo sobre la vida, sobre su destino, sobre todo. Hay momentos de tristeza, pero ligado a muchos momentos cómicos. Un poco como «El cartero».
- Da la impresión de que Juan Castro, el protagonista de «La mula», tiene un cierto parecido a Mario Ruoppolo, el protagonista de «El cartero»...
- Sí, es un hombre sencillo, pero un poco distinto, porque el personaje de «El cartero» al principio era un personaje de 17 años, mientras que Massimo Troisi, el actor, tenía 40 años. Se adaptó mucho a Massimo Troisi, porque él tenía un personaje muy cómico, muy conocido en Italia, basado en cosas muy distintas.
- Cuando adapta una novela, ¿le responsabiliza el hecho de tener que ser fiel al relato original?
- El cine es muy distinto a la literatura. Es normal. Yo creo que se debe ser fiel al espíritu del original y no a la letra, a la palabra. Porque no es la literatura. Hay cosas que están débiles en el relato dramático del cine y que están bien en la literatura. La historia está cambiada, pero las cosas más importantes, por ejemplo la mula, la relación del acemilero con la mula, todo eso está.
- ¿Qué conocía de la Guerra Civil española?
- Conozco lo que ha escrito George Orwell. «Homenaje a Cataluña» sería una buena película. También Kessler, he leído casi todos los libros, sé lo que es posible saber sin ser español, sin tener padres o abuelos que han luchado en la guerra, que puede ser mucho más importante.
- ¿Ha conocido el lado más humano con «La mula»?
- El lado más humano es el que existe en todas las guerras. Las guerras civiles son un poco distintas, porque es mucho más complicado. Es hermano contra hermano. Lo que es muy interesante es lo complicada que es la guerra civil en España. Complicada y no resuelta hasta ahora, pero eso no es parte de mi película. Lo que es interesante es contar algo sabiendo muy bien lo que pasaba después de la guerra.
- La política y la preocupación social están presentes en muchas de sus películas. Ahí están «1984», «El cartero» y también «La mula». ¿Es algo que le interesa mucho?
- Lo que me preocupa es contar la humanidad, decir que la situación humana es paradójica, que la complejidad de la vida humana no se puede expresar en dos o tres palabras, dos o tres frases. Yo estoy en contra del fundamentalismo, porque la vida es demasiado complicada. Lo que un artista o alguien que crea una obra debe decir es que la vida es complicada, que tenemos que sufrir. La guerra civil en España contada por un extranjero sería normalmente muy política. La gente de hoy está muy ligada a la parte de la República y de las Brigadas Internacionales, que es una historia muy romántica.
- ¿No será así, entonces?
- Creo que es la hora de contar la historia de la Guerra Civil por la parte de los seres humanos que se encontraban en ella. Fue muy complicado para todos. Por ejemplo, la mayor parte de los soldados que luchaban en la guerra tenían una sola aspiración: vivir, nada más, volver a casa tranquilamente. Esta yo creo que es la historia de todas las guerras del mundo.
- También del cabo Juan Castro, el protagonista de la película.
- Sí, pero espero que sea un viaje un poco más largo que el que hace en la historia de la novela. Estoy trabajando con Juan Eslava Galán para hacer un poco más complicado su viaje, su camino.
- Antes ha mencionado a Berlanga. La novela recuerda un poco a «La vaquilla» en ese tono agridulce, cómico pero con un poso de tristeza.
- Agridulce sí, pero «La vaquilla», que me gusta mucho, es una película completamente desconocida fuera de España. Me gustó mucho verla porque era muy cómica. Yo he previsto hacer las cosas más basadas en la realidad.
- Usted ha sido uno de los directores europeos que más éxito han tenido en Norteamérica. ¿A qué lo atribuye?
- No lo sé, cada vez que me ofrecen un guión americano no me interesa. No me interesa hacer una película monumental de los grandes estudios. El cine independiente es lo mismo en todas partes: es difícil hacerlo en América y en Europa. Hice una película en América, pero al margen de Hollywood. Me gusta América, tengo una casa en Hollywood, paso la mitad de mi vida allí, porque el dinero para hacer cine viene de allí. Pero para hacer cine tengo una idea un poco más complicada, un poco más vieja, un poco más sutil. Me gusta mucho el subtexto, que no existe el cine americano.
- Es decir, que le gusta más el cine europeo que el americano.
- Me gusta más. Si alguien me pregunta qué peliculas son mis preferidas, casi todas son películas europeas o del resto del mundo, y algunas americanas que parecen europeas.
- Muchos grandes directores de cine han dicho que lo esencial para hacer una buena película es una buena historia, que todo lo demás llegará después. ¿Está de acuerdo?
- Al cien por cien. Yo creo que he insistido un poco en España en trabajar los guiones, no aceptar algo con faltas, con defectos. Porque es un arte en el cual el público siempre está muy dentro de la historia. El público ve inmediatamente todos los defectos. Es primordial hacer una buena historia, aunque después también se puede arruinar. Con eso al menos el público seguirá la película.
- En España hablamos de la aportación del Estado a la industria del cine, lo que en lugares como Norteamérica no es necesario. ¿Cree que sería posible que las productoras no dependiesen de las ayudas públicas?
- Creo que el problema de Europa son las lenguas. La razón más importante para hacer una película española es hacer algo en la cultura y en la lengua española. Si no, ¿cuál es la razón para hacerlo? El problema es que el dinero para hacer las grandes películas no existe en Europa. Y no puede existir, porque hay demasiados países con culturas distintas. Tienes que hacerlo con dinero público, pero no creo que sea la solución. Lo que da un empuje a la creación es la necesidad de gustar al público. Y si no tienes necesidad, el cine se convierte en una cosa un poco interior, demasiado ridículo. Pero al mismo tiempo tenemos que continuar en el modo que podemos, porque el cine europeo es muy interesante y muy importante.
- Su carrera ha tenido éxito, pero no ha trabajado con tanta asiduidad como otros directores.
- Esta será la undécima. En mi vida hubo un momento en el cual yo paré de hacer cine, durante siete años, para hacer otra cosa. Después volví al cine con «El cartero». Mi carrera se puede dividir en dos partes. Pero sí, es verdad que no es muy fácil hacer cine independiente. Es difícil. Lo más fácil por el inglés es ir a Hollywood a hacer películas. Pero el problema es sencillo: o escoges el dinero o la libertad. Yo prefiero la libertad (ríe).
- ¿Alguna vez ha pensado en cómo serían sus películas si las hubiera hecho con las grandes productoras estadounidenses?
- Más público no habrían tenido. Lo que es completamente paradójico es que la película más local que he hecho en mi vida fue la que tuvo más éxito. Distintas sí serían, seguro. «El cartero», por ejemplo, se habría hecho en inglés y habría sido un desastre, porque es una película muy italiana, no se puede hacer en inglés. «La mula», por ejemplo, prefiriría no hacerla a hacerla en inglés.
- Para el cine independiente, ¿lo más difícil es la comercialización y la distribución?
- El poder de los distribuidores en todas partes, sobre todo de los norteamericanos, es criminal. Estaba pensando en hacer las películas por mí mismo y venderlas en mi sitio de internet, porque sería más agradable hacerlo así que tratar con los distribuidores.
- Pero usted encuentra a gente que cree en su proyecto...
- Sí, eso sí, y es muy importante. Sobre todo aquí en España, que no conozco muy bien por ahora profundamente la cultura. Trabajar con Alejandra Frade me sostiene mucho.
- Se nota que le gusta hacer películas muy enraizadas en determinados sitios. Pasó con «El cartero», que como ha dicho es una película muy local, y también «La mula» está apegada a una determinada tierra.
- Una parte del placer de hacer una película es descubrir las cosas: vivir en España, descubrir Andalucía y ver un poco cómo están las cosas, la historia de España y todo eso, entrar en profundidad. Esta es una gran parte del placer de hacer una película. Hacer una película sin hacer nada, sólo leer el guión, escoger a los actores y rodar no me interesa.
- Que se identifique con un sitio, ¿no?
- Sí, formar parte de la vida, conocer a los otros, cómo viven, cómo piensan. Después de hacer «El cartero» sé mucho en profundidad sobre Italia. Llegando aquí me he dado cuenta de que estaba completamente ignorante de todo lo español, pero se puede aprender.
- Si en otras películas necesita localizaciones naturales, «1984» debió de ser distinto, porque tenía que recrear un mundo imaginario, sombrío.
- Todo «1984» se rodó en el Londres de 1984, y para buscar los sitios para rodar fue bastante difícil. También encontrarse con una manera de visionar las cosas. Fue muy interesante y muy difícil.
Fuente: www.abc.es